Thursday, December 25, 2008

La Muerte y el Gasfiter: Cuidados Paliaivos en Chile

La Muerte y el Gásfiter: Cuidados Paliativos en Chile
Juan Carlos Said R.

Don Carlos, 46 años. Gasfíter. Hombre trabajador, padre de 3 hijos, uno de ellos universitario, los otros en vías de serlo. Toda su vida había trabajado duro. Sin descanso. Pensaba que pronto vendrían esos días de descanso, para estar todo el tiempo junto a su señora, compañera fiel en la alegría y en la adversidad. Nunca había estado enfermo, sin embargo, aquella tarde, saliendo del metro, se sintió raro, extraño: su brazo comenzó a moverse sólo, luego su cara, luego su cuerpo, luego… no recuerda que más pasó. Despertó en el hospital Sótero del Río, donde lo conocí. Una Tomografía de Cerebro mostró un tumor cerebral, que luego de una radiografía de tórax, resultó ser una metástasis de un cáncer de pulmón. Su pronóstico: tres meses de sobrevida. Qué podía hacer por él la medicina? Difícil saberlo. Otra pregunta más difícil aún: se interesaría algún médico por él?
La respuesta no es obvia. La medicina, desde la edad media hasta el presente ha evolucionado desde una especialidad preocupada fundamentalmente de cuidar y aliviar al enfermo, a una enfocada en curar y sanar. Fabricamos corneas a partir de dientes, corazones mecánicos, cirugías que curan la diabetes, etc. El problema es que la pretensión de curar es a la larga ilusoria y la muerte nuestro destino inevitable.
Don Carlos tenía, sin embargo, varios problemas: lo angustiaba el destino de su familia, que sería de su hijo menor y la universidad. Le preocupaba el costo de los medicamentos. Por otra parte, en un tiempo más comenzaría a faltarle el aire, cuando el tumor pulmonar se complicase con algún derrame u obstrucción de un bronquio. Vendrían más adelante los vómitos y nauseas, secundarios al tumor cerebral y su familia, se sentiría agobiada física y mentalmente: donde va a morir? Donde es mejor que muera? En la casa? En un hospital? y un largo etc.
Problemas como este, otrora extraños, serán, desgraciadamente, más y más frecuente; En Chile la expectativa de nuestra población se incrementa – actualmente 77.7 anos - y las principales causas de muerte son enfermedades crónicas, como las cardiovasculares y el cáncer.
El asunto, es que pocos quieren hacerse cargo de estos pacientes terminales, problema que tiene varias aristas: una de ellas es quizás lo poco glamoroso de cuidar a quien muere: no hay gloria. Ningún médico será titular de un diario porque logró que su paciente muriera sin apremio respiratorio, sin dolor.
En segundo lugar hay un aspecto socio-económico: si para muchos chilenos, acceder a una cura existente para su enfermedad es casi imposible – recordemos tan solo las listas de espera para cirugía de próstata -, acceder a cuidados paliativos adecuados, prestados por especialistas, es un lujo inaudito. Faltan recursos, definitivamente.
Por otra parte, se desconoce quizás – incluso entre médicos - que la prestación de adecuados cuidados paliativos, puede ser realmente costo efectiva, al evitar hospitalizaciones innecesarias, anticipando decisiones difíciles y con un adecuado control ambulatorio, evitando el decir simplemente: señor, se va a morir, vea cómo se las arregla en la casa.
La situación en Chile, tiene luces y sombras: por un lado, somos el único país latinoamericano donde los cuidados paliativos, al menos oncológicos, están garantizados por ley (AUGE), y en palabras de Eduardo Bruera, director del centro de cuidados paliativos del MD Anderson: La perspectiva de la medicina paliativa en Chile es la mejor de América Latina.
Por otra parte, los recursos son escasos, y los cuidados paliativos son realizados en la mayoría de los lugares de Chile por médicos generales. Ni siquiera internistas, o médicos familiares, para que hablar de médicos especialistas en cuidados paliativos: la especialidad ni siquiera existe como tal en la Comisión Nacional de Especialidades Médicas (CONACEM), aún cuando a nivel mundial ya es reconocida en varios países. El futuro entonces, dependerá de la conciencia que tomemos del problema y de la disposición a poner recursos económicos, pero por sobre todo morales, recordando la responsabilidad esencial de los médicos y la medicina, en aliviar el sufrimiento y el dolor, entregando a nuestros enfermos terminales no sólo la analgesia de un fármaco, sino también el alivio de reconocerse, amados, respetados y objeto de nuestras preocupaciones, ya sea nos parezca que van a vivir cincuenta años, dos meses, o tan sólo unos días.

Monday, November 3, 2008

No lea esta columna, siga viendo television. La Ausencia de Creatividad en la Vida Universitaria.

No lea esta columna, siga viendo televisión.
La Ausencia de Creatividad en la Vida Universitaria.
Juan Carlos Said R.

La pasividad es atractiva. Quedarse quietos, sentados, sin hacer nada o sólo lo mínimo es siempre más fácil, seductor. ¿Acaso no es hermoso ver la Capilla Sixtina? ¿Y no nos agobia pensar lo que sería pintarla nosotros, con nuestras manos, por cuatro años, sin ayuda? ¿Algún voluntario? Probablemente no haya nadie. Esa es nuestra sociedad en muchos aspectos, una cultura de la inercia o del botón, en donde nuestro único ejercicio es muchas veces sólo presionar una tecla. Nos sentamos, apretamos un botón y encendemos la televisión que nos consume horas, apretamos otro botón y mediante el teléfono pedimos pizzas, botón y chateamos, botón y… en el fondo, y en la superficie también - como solía decir una amiga - nos convertimos en espectadores de la vida viendo como todo pasa, frente a nosotros, sin tocarnos.
Romper esa inercia cuesta, salir de la cama, apagar le televisión, tener ideas – como por ejemplo las miles que se muestran en www.ted.com – generar evidencia que las avale e impulsarlas hasta su concreción demanda una energía y voluntad inconmensurable. El que no seamos capaces de ello – y nos gane el zapping – es culpa nuestra, por cierto, pero una cuota de responsabilidad le corresponde a nuestro sistema educativo.
A modo de ejemplo – y consciente estoy de que los ejemplos suelen ser imperfectos - estoy a punto de titularme de médico. La carrera, sumamente tecnificada y larga, me permite de quererlo, en una de las dos mejores universidades de Chile, salir de ella sin hacer una tesis. Es decir, escuché el conocimiento de otros, creado por otros, inspirado en otros, y luego de un lustro y medio de estudios, puedo titularme con honores sin haber generado una sola gota de conocimiento nuevo, como si la medicina fuera un oficio, una técnica que nada tiene que ver con la búsqueda de la verdad, aquella que requiere hacerse preguntas y buscar respuestas.
Se puede argumentar, que con una tesis, los siete años de carrera serían ocho, lo cual parece intolerable. De acuerdo. ¿Y porque no sacar dos o tres meses de repetir cosas por un curso de tesis? ¿Será que en medicina, por un asunto de competencia por cupos de especialidad y curriculum, de todas formas se hace investigación? Pero, ¿Qué pasa en otras carreras?
Conversando con un amigo, estudiante de derecho en la Pontificia Universidad Católica de Chile, constato desilusionado, que la tesis se ha convertido progresivamente en un apéndice, en un trámite, en un vestigio evolutivo minúsculo y despreciable, como si para la universidad, en cuanto entidad humana llamada a generar innovación y conocimiento, fueran más importantes las habilidades del alumno para repetir de memoria el código civil, que su capacidad para argumentar lógicamente a favor o en contra de una idea generada por él mismo.
Se dirá quizás que las tesis e investigar son tareas del postgrado. Terrible afirmación. ¿Querrá decir que la labor creativa del universitario sólo debe ejercerse luego de seis años de estudio? ¿Qué mientras tanto todo es memorizar y repetir? ¿Cómo llegaremos a ser generadores de ideas si no hemos sido formados en esa línea?
Por otra parte no se trata sólo de formar investigadores. Una tesis es un ejercicio de sistematicidad, de plantearse metas, hacerse preguntas. Buscar la verdad por uno mismo. Difícilmente pueden ser esas habilidades sólo necesarias en un doctorado. ¿Qué empresa no necesita gerentes con esas características?
Finalmente, creo no equivocarme al pensar que es este letargo en la generación de ideas, la falta de carácter y voluntad para implementarlas, el gran escollo que debe superar nuestro país, y sus universidades, con miras al mayor desarrollo económico y social.
Me quedo – para no desanimarme - con el lema de www.ted.com: “ideas worth spreading”. Gracias a Dios, al menos ellos, parecen tener ideas, muchas, y gente que las desarrolla. ¿Y nosotros y nuestras universidades cuándo? La imaginación al poder, ahora, ya, por favor.

Sunday, June 15, 2008

La Muerte y el Piloto Bahamondes



He pensado en la muerte. Lo curioso de esto es que tengo 25 años, no estoy deprimido, no soy un adolescente suicida ni tengo otra enfermedad mortal más que el envejecimiento. El ejercicio es sano pero difícil, por dos cosas: la cotidianeidad del fenómeno y una lógica implacable.
Me explico: hay gente que trabaja vendiendo tumbas. Su labor diaria es hablar con una viuda, llorando, o al borde de llorar, y decirle: mire, yo creo que su marido se merecía este cofre acolchado, madera de roble, con una alarma interior por si despierta. Ahora, por 200 mil más, incluyo ventilación en los pies y un sistema antitermitas, pero como usted es especial y más era aún su marido, si paga en efectivo se lleva un segundo cofre adicional para el futuro, porque no es que usted se vaya a morir, pero quien sabe… por si acaso.
Quizás este ficticio vendedor de féretros, sea el mejor ejemplo de vivir inmerso en la muerte: ésta le resulta tan cotidiana, que probablemente ya ni piense en ella, y diga, como una vez le escuché decir a alguien con lógica implacable: todos los hombres han muerto, quizás yo también. Y es cierto, porque sin importar cuantos hombres hayan muerto alrededor nuestro, no tenemos certeza de que vamos a morir. La sola repetición de un hecho, en forma previa infinitas veces, no nos da la más mínima certidumbre, contrario a lo que solemos creer, que a este paradójico infinito más uno, nosotros, le sucederá los mismo que a sus predecesores.
En la práctica, no es menos cierto, todo hombre es dueño de una funeraria, y la muerte no es sólo un fenómeno que acontece alrededor, sino un océano en el cual se está sumergido, sin importar que en la noche llegue a su casa a ver la teleserie: los árboles se secan, el hombre que nos acompañó en la micro fue baleado al salir del supermercado, nuestro abuelo agoniza, etc. Entonces. al igual que este ficticio vendedor de tumbas, nosotros vivimos bajo la misma lógica. Preferimos pensar que en una de esas, son otros los que mueren y nosotros, quizás, podamos tener la dicha de ir de la oficina al trabajo y del trabajo a la oficina por millones de anos.
Anestesiados por lo implacablemente habitual de la muerte y esta no- certeza respecto a ella, sólo intuimos que vamos a morir, y entre tanta incertidumbre la radicalidad de este hecho se nos escapa de las manos, y simplemente no entendemos, como ya lo decía Montaigne, que una buena o mala muerte proyecta luz o sombra sobre toda nuestra vida. El rey Príamo, poderoso y temible, vio al morir, su reino y familia destruida.
Cuan distinta a la muerte de Príamo la del piloto Bahamondes. Quizás el también vivió una vida simple, en un océano de muerte, pensó lógicamente que no había certeza de ésta y por lo tanto, llegó a su casa a ver la teleserie. Sin embargo, caído su avión en la selva, su destino se hizo ineludible. Se preocupó de asegurar a sus pasajeros, que salieran del avión, cortaran la gasolina, se preparan para el rescate. Los mantuvo con ánimo por dos, literalmente, agónicos días y en última instancia, hizo un gallardo gesto de desprecio a la muerte: viéndola de seguro, frente a frente, se preocupó simplemente, de que le cerraran la boca si moría. Parecía ser, que del resto, no había nada que arreglar, ni nada que temer. Quizás vivió sin heroísmos, pero murió si miedo. Concédenos Dios, morir así.

Tuesday, May 20, 2008

Any Given Sunday

Que es un domingo cualquiera? Para muchos es una eternidad tratando de recuperarse de una espantosa ingesta de alcohol. Para otros, es el día de la fe, del almuerzo familiar o de ambos. Quién sabe.
Mi domingo comienza en Boston a las dos de la tarde. Camino al azar. Bueno, no tanto. Voy hacia Roxbury Crossing, un metro que podría estar en la mitad de Jerusalén: calle arriba una Iglesia Católica, calle abajo una Mezquita. Entre medio de ambas, el metro y una Iglesia latina protestante.
El tren me deja Charles/MGH, la estación del hospital. Bajo. Un sol infinito cubre la finita rivera del rio Charles. Dejo ese recorrido para más tarde. Acelero la marcha y entro a la calle del mismo nombre. A mano izquierda una licorería. Venderán Pisco? Si, efectivamente, cuarenta grados de puro Chile a cuarenta veces el precio que pagamos en nuestra patria. Eso seguro que es buen negocio. Además, si no lo compran los gringos, siempre habrá un chileno desesperado, que gastará la mitad de su sueldo en eso. No soy yo, o no hoy al menos. No se rían.
Sigo caminando, llego a Boston Common, el parque, y doblando a la derecha, me encuentro con el bar que inspiró Cheers, la serie de televisión, supongo. De algo que me sirva ver encendida esa caja una vez al año. Y sí, adivinaron: hay un japonés sacando fotos.
Tal bípedo desenfrenado, sigo raudo caminando y entro a Commonwealth Avenue. Avenida Mancomunidad? No, definitivamente, algunas cosas suenan mejor en inglés. Podría ser una calle en Buenos Aires, ancha, llena de esculturas. Solo le falta la caca de perro y una estatua con el grafiti “Menem ladrón”, que quizás hoy sería “Menem Padre de la Patria” si hubiera robado la mitad.
Muchas horas caminando. A lo lejos veo “Prudential Center”, entro a almorzar. Curioso nombre, prudencia, muy aristotélico. La virtud del conocimiento práctico, la prudencia. A quien se le ocurriría ponerle ese nombre a un mall? Se imaginan que el Parque Arauco se llamara Logos, o Sophós, o quizás Metempsicosis? Quizás tal nombre sólo sea posible en una ciudad que con seguridad, tiene más librerías que supermercados.
Retomo mi rumbo a la rivera del Charles. Increíble. Hay un club para practicar deportes náuticos. No es caro. La invitación es para todo los que tengan las ganas y unos pocos dólares. Es decir, un punto medio entre Mapocho y Calafquén. Ni muy exclusivo, ni absolutamente inmundo. A los costados del camino, gente leyendo, conversando en diversos idiomas.
A la izquierda, un gigantesco odeón. Obviamente financiado por la iniciativa privada de una familia. Massenet, Frank, Debussy, los nombres de grandes compositores están en letras plateadas, inscritos alrededor del odeón. Con justicia, Beethoven y Bach, ocupan el lugar prominente.
Perdido entre las calles, me encuentro sorpresivamente con Beacon Avenue. Entro a una librería, que en Chile seguro habría sido un supermercado. Voy derecho a la sección de ofertas. “501 maravillas que se deben conocer”. Una de ellas, Rapa Nui. Dan un buen consejo: “You can drink Pisco with Coke. To drink it alone is possible, but not advisable”. Sabio.
En la sección literatura, me encuentro con Ernst Shackleton. Bueno, no con él, sino con el relato escrito por Alfred Lansing, de tan portentosa hazaña: navegar 1287 kms a través del Mar de Drake, sorteando olas de hasta 10 metros de alto, en un bote de 6.85 metros de eslora, para luego de un ano, rescatar a sus hombres atrapados en el hielo. Decido comprar el libro. Nadie así merece ser olvidado.
Además, me motiva la frase inscrita en la pared: cuando tengo plata, compro libros, si me sobra algo, comida. Sigo en la librería: una nueva edición de la “Guerra y la Paz”, “Disgrace” de Coetze, y la trilogía de John Doss Passos, llaman mi atención. No las compro, desgraciadamente yo si necesito comer. Entre medio, un poco antes de Coetze, un poco después de Austen y Auster, Borges. Que alegría, es un pedazo de mi literaria patria, Argentina, pero sin caca, sin nada contra Menem y en inglés. A Borges le hubiera encantado ver sus textos en ingles, seguro. Como no?, Si ya ciego, citaba de memoria, desde el Beowolf a la prosa de Stevenson, desde Byron a Grabiel Rosetti.
Al azar abro el libro: esa bala es antigua, escribe Borges. “This bullet is old”. En memoria de JFK, de él y de Cesar y tantos otros muertos por balas y no balas. De paso me asombra el español. “Funes, el Memorioso”, maravilloso cuento del hombre que nunca olvida, es traducido como “Funes: his memory”. Definitivamente esta vez no ha sido el traicionero el traductor, sino el idioma: no hay traducción real posible. Decido no comprar el libro. El insaciable ídolo tribal de mi estomago, reclama un nuevo sacrificio calórico a su altar.
Afuera, ya no es una tarde soleada. Guardo mi libro de Shakelton en el bolso y saco mi chaleco. Un domingo cualquiera. De que depende? Quizás no depende de estar en Paris, en Santiago, en Londres, Boston, o en Tokio, quizás la alegría de la caminata, está en encontrar un significado a lo que nos rodea. Descubrir que las cosas no son por azar. Que Bach fue un compositor notable, que Shackleton merece un lugar en nuestra memoria y que las balas son antiguas, tanto como el odio.
Sopla el viento, entro a un café a matar las últimas páginas de un libro. Que significado tendrá el mundo para un joven que sale de cuarto medio sin saber los rudimentos de la historia? Le servirá de algo una educación que no le permite abrir el diario y entender porque pasa lo que pasa? Ese es el sentido de ensenar historia. Poder entender el diario. Le robo la idea a Fernand Braudel. No “formar hombres cultos”, “íntegros”, simplemente, formar hombres que puedan caminar, entender la ciudad y entender el diario. Punto. Después vendrá el resto.
Están cerrando el café. Me piden que no pise el suelo mojado. Salgo por la puerta de atrás, cierro mi libro, subo al tren.

Sunday, May 11, 2008

Bouvet y la Pobreza


Cierre los ojos. Bueno, veo que no me hizo caso. No importa, imagine que cierra los ojos y mira un mapa. Ubique Ciudad del Cabo, en el extremo Sur de África. Desplace su imaginaria vista desde ahí, y trazando una línea recta a través del Océano Indico, haga un recorrido mental hacia la Antártida. Que vio? Algo mas aparte del mar? Seguramente no. Pero le cuento que si hay algo. Se trata de la isla de Bouvet, de 49 km2 de superficie, rodeada de hielo, que corresponde al lugar mas aislado del mundo, ubicado a 1600 kms del pedazo de tierra más cercano (i.e. la Antártida), y que por azares del imperialismo, es colonia noruega desde 1927.
Ahora bien, si abandonando ese horizonte lejano en su mente, se sube a un barco y llega a la Isla, según he leído, su imagen va a cambiar. Probablemente ya no piense solo en un punto aislado, sino en algo mas profundo: la desolación. Su reflexión ya no será teórica, sino que, encumbrada en el corazón de la vivencia, se dejara guiar por la poesía de un lugar estéril: deshabitada, cubierta casi completamente por hielo, solo es posible acceder a ella en helicóptero. Una estación meteorológica, ya destruida, ha sido su único habitante por anos.
Más interesante aún, será lo que suceda la próxima vez que usted vea un mapa: si es curioso, y tiene buena memoria, inmediatamente tratará de encontrarla, de tal modo que usted verá algo, donde la mayoría de la gente no ve nada, dado que, nuestro conocimiento de las cosas, y la impresión que nos hagamos de ellas depende entre otras cosas, de la cercanía con que la vemos, y vaya paradoja, de nuestros mismos conocimientos previos.
Sin embargo, la pregunta es: a que distancia hay que ver? Cuanto es necesario saber para tener una opinión? Es complejo. Intuitivamente sabemos que un cuadro no debe verse de muy lejos, como la Isla Bouvet, porque de hecho no se ve. Tampoco de muy cerca, dado que “El Entierro del Conde de Orgaz” no es solo un mano del conde vista de cerca, sino el conde mismo, los santos y el cielo que se abre ante él.
Esto mismo sucede con la pobreza. No sabemos como verla si de lejos o de cerca, ni menos aun, sabemos que es exactamente lo que hay que saber de ella. De cerca el panorama es desolador. Lo componen poblaciones como la Chimba, en Recoleta, donde la única casa de dos pisos es un lugar donde a vista y paciencia de todo el mundo se vende droga, donde los autos bonitos no son fruto del esfuerzo (o al menos no de un esfuerzo honesto) y donde los disparos no son hombres a caballo, vestidos de rojo, cazando zorros.
Visto aun más de cerca, quizás de un poco de ánimo. Un grupo de estudiantes de la Universidad Católica llevan varios años preparando jóvenes y adultos para terminar su educación básica y media, o realizando talleres para niños de todas las edades en un intento real para evitar que consuman pasta base antes de aprender el abecedario.
Por otra parte, de lejos, el panorama nuevamente abruma. Considerando una línea de pobreza urbana ubicada en $ 47 .099, que sabemos no es suficiente para cubrir necesidades mínimas, hay un total de 2.208.937 persona viviendo en la pobreza. Una cifra que indigna y avergüenza, de solo pensar que poniendo un punto de corte tan poco exigente, hay dentro de Chile el equivalente a casi toda la población de Uruguay, viviendo del hambre.
Qué hacer? Probablemente se requiere de una visión muy amplia para buscar soluciones. Una que primero, tenga la experiencia haber estado cerca. De ver lo que es ser pobre in situ. Que ojala también haya visto esos signos de esperanza, en tantos jóvenes realizando esfuerzos cotidianos por dar una mano al que sufre, y que sin embargo no olvide los datos, el panorama global, y que solucionar un problema así, no es solo construir mediaguas, sino también realizar grandes reformas macroeconómicas, a veces impopulares, modificar, estructuras, de una vez y para siempre, sin permanecer estancados en el discurso demagógico, el cual, apelando a los sentimientos viscerales, surgidos muchas veces de ver toda de muy cerca, de muy lejos, o simplemente del hablar sin conocer, solo ha logrado que, frente a la posibilidad real, que se vio en los 90, de llegar al 2010 con un Chile sin pobres, no nos quede hoy, tristemente, más que postergar esa meta unos cuantos años más.
Pronto será un año de elecciones. Hágase cargo del poder de su voto, y pregúntele a su candidato que solución ofrece, al problema de los pobres: no vaya a ser que lo sorprenda viendo de muy cerca, de muy lejos, o peor aún, hablando sin saber.

Sunday, May 4, 2008

Del Cielo, el Nirvana, el Hombre Soltero y la Comunidad

Fue un acto automático. En cierta forma surrealista. André Breton me habría felicitado. Llegué cansado, sin filtro mental alguno y dije: no más guerra. Puse agua a calentar y una vez hirviendo, coloqué un tercio de un paquete de tallarines dentro de ella. En cinco minutos estaba listo (son las ventajas de no tener que cocinar para toda la familia). No me molesté en usar un colador para separar la pasta del agua. Simplemente, usando la tapa de la olla, como si fuera un escolar en campamento de BoyScout, colé el contenido de la misma y agregué un tarro de salsa dentro. Casi me sentí un elaborado Chef francés cuando agregué a los tallarines, orégano y una pizca de sal. Mi cena estaba lista. Obviamente, la olla fue mi plato. Sin postre no me iba a quedar: tomé un abrelatas, abrí un tarro de duraznos y con el mismo tenedor con el que había comido los tallarines, disfrute profundamente de aquel envasado fruto de la madre tierra.
Seguro que usted está pensado: que decadente este tipo. Se pasó. Como no pudo cocinar decentemente, preparar la salsa en una olla aparte, agregando un poco de carne, colar los tallarines con un colador, servir todo en un plato, rezar una oración antes y luego comer los duraznos en un bol con una cuchara?
Bueno, yo no pensé eso. Es más, no solo no pensé que había hecho algo malo o reprochable, sino que consideré que era más bien un ejemplo a seguir: cuanto carbono le había ahorrado a la atmosfera al tener que lavar menos platos y no tener que usar detergentes innecesarios? Cuánta agua había ahorrado usando un solo tenedor? Lo mío no era de flojo. Lo mío era sencillamente un heroico acto ecologista y punto.
Esto es, a fin de cuentas, lo que le pasa al hombre solo. Llegado el momento, es el solo el único señor de todos sus actos. Abogado acusador, defensor y juez. Lo bueno y lo malo, o lo más apropiado frente a lo inapropiado, solo se dicen con relación a él y no con relación al bien absoluto, que sin entrar a discutir, aun cuando es materia de discusión, confiamos que existe.
Quizás, yo con mis tallarines, no sea más que la decadente contraparte de aquel personaje de Joseph Conrad, en “The Heart of the Darkness” (Libro que inspiró “Apocalypsis Now”), quien en medio de la jungla, donde a nadie podría importarle menos, se esforzaba por vestir todos los días con un impecable y bien planchado traje blanco. Es decir, el hombre que impertérrito, en medio de las dificultades, sin importar si existe o no juicio ajeno, hace lo que considera su deber: vestirse limpiamente, o comer dignamente.
Y que duda cabe, vestirse de blanco en la jungla, es difícil. Quizás tan difícil como ser fiel, no mentir, devolver el vuelto que nos dieron de mas o no copiar en las pruebas. Ese es quizás el rol salvífico de la comunidad. Dado que, la única diferencia, citando a un amigo, entre un niño de catorce anos con un computador solo en su pieza, o con el mismo computador y televisión en una salita de estar a la vista de todos, es el rol protector de la comunidad (entendido que se trata de una buena comunidad). La sola presencia de la familia alrededor lo protegerá, quizás a veces a pesar de su voluntad, de ver u oír, aquello que no es bueno para él.
La misma idea, probablemente tenía Cristo, quien para llevar a cabo su proyecto salvífico elige a doce hombres, luego a setenta y dos, para que luego, el primer testimonio que tengamos de aquellos antiguos cristiano sea que: “rezaban en comunidad”. Y es que, trabajando por y en la comunidad, es como nos salvamos. No solos. Un concepto similar esta en algunas corrientes del Budismo, como el “Mahayana” o “Gran Vehículo”, que coloca un gran énfasis en la importancia de trabajar para otros y ayudarlos en su camino al Nirvana.
A fin de cuentas, Dios, más sabio que el hombre, sabía que este último, dejado solo en la mitad de la nada, termina comiendo de la olla y rara veces elige vestirse de blanco en la mitad de la jungla: cuidemos la comunidad, vivamos en comunidad.

Tuesday, April 29, 2008

TURISTA


Santiago es una ciudad sin turistas, que duda cabe. No hay una coleccion de japoneses tomando fotos de la Torre Entel, o filas de franceses disputando por una entrada para ver el Palacio de la Moneda. Eso es malo? Quizas. Quizas habla de que somos aburridos, de que nuestros edificios son feos, que hay poco que mostrar, que se yo. Para no ser acusado de pesimista, dire que hay algo bueno en esto. Es facil reconocer quien es chileno. Todos lo somos. Todos y cada uno de los que van en el metro somos chilenos, que van a su casa, a su trabajo a lo que sea. Chilenos todos sin excepcion.
Llegando a Boston, pense que todo iba ser igual que en Chile, pero en ingles. Muchos WASP (white anglo-saxon protestant) con una buena dosis de catolicos italianos e irlandeses, en medio de lo cual mi naturaleza de turista resultaria evidente. Arribe entonces, preocupado. Perdon, obsesionado con mi pronunciacion. Mi condicion de extranjero se haria obvia. Cualquier palabra me delataria. Definitivamente, un error.
Encargado de mi curso, un hombre llamado Bijan. Imposible pensar algo menos americano. Llevaba 10 anos viviendo en USA, luego de haber escapado de la guerra en Iran. Su ingles definitivamente podria haber pasado por un paleolenguaje predecesor del idioma actual, en el 500 antes de Cristo. De lejos, escuchado al pasar, parecia una mezcla entre un dialecto del interior de Rusia y el sonido gutural emitido por un mono masticando una banana y tratando de hablar polaco. Lo digo en serio. Definitivamente mis preteritos pronunciados como participio, comparado con el ingles de este hombre,hasta podrian parecer un bonito recurso estilistico. Mi jefa, no. Ella era americana, seguro. Ojos azules, alta, flaca. Eso era raro. Demasiado raro en un pais donde uno de cada tres habitantes tiene sobrepeso. Y claro, no era americana. Habia nacido en Hungria hace 30 anos, y tenia uno de esos clasicos apellidos terminados en ova, como Navratilova, de algun pueblo de Europa oriental, que uno encasilla en el estereotipo de: toman Vodka ybailan danzas en cuclillas en grupos de a diez.
Quizas con los pacientes seria distinto (vine a Boston a estudiar medicina, valga la aclaracion). Error. Mi primer paciente, hablaba espanol. Humberto si mal no recuerdo, nacido en Republica Dominica. Y por azares del destino, su vecino, Pierre, tambien era vecino de Humberto en su pais natal, Haiti. Nohace falta decirlo: no hablaba ingles, y su frances sonaba como hebreo porque no era frances: era Creole un dialecto local solo hablado por los habitantes de la isla, antigua colonia gala.
El barrio universitario, tampoco era distinto. En Harvard Square, hay dos lugares donde comer tacos. Uno era Felipes' y si, adivinaron, un mexicano de nombre Jose, te ofrecia burritos con guacamole y frijoles. El otro, no recuerdo el nombre, lo atendia una adorable senora que luego de preguntarme si yo era turco me dijo que ella habia nacido en el Libano.
En conclusion, no seria raro pensar, que el americano, el de verdad, aquel que todos imaginamos de un metro ochenta, con un six-pack de cervezas, medianamente obeso, viendo el Super Bowl, y contando asombrado a la vuelta de un viaje a Paris, que los franceses son muy inteligentes, dado que en la Ciudad Luz, increiblemente, hasta los ninos de 5 anos hablan frances, ese americano, probablemente no existe, o si existe, deberiamos pronto guardar una muestra en un museo, antes que no quede nada.
Es decir, mientras en Chile, todos son chilenos, en Estados Unidos, todos son turistas. Llegados ayer, llegados hace 10 , 20, 30 anos. Da igual, pasajeros en un mundo que cambia. Bien por Chile,donde no parece entonces dificil, formar consensos amplios yduraderos.
Por otra parte, un desafio seguro para los Estados Unidos, dado que la pregunta final, que no puedo sino dejar abierta, es obvia: podra seguir generando consensos amplios y significativos, no triviales, en un mundo de puros turistas? En un mundo de latinos a favor y en contra de la inmigracion, de musulmanes indonesios, doctores iranies, taxistas haitianos, chinos de Taiwan, el Ku KluxKlan y predicadores en una esquina en Harlem? Ojala que si, por elbien de los turistas. Perdon, de los americanos, que por cierto, enpoco tiempo mas, deberan elegir al hombre que los guie en la busca deesos grandes acuerdos. Dificil decision.