Tuesday, July 3, 2012

¿Tiene SIDA tu pareja? Los porqué de una campaña por el examen.


 ¿Tiene SIDA tu pareja?
Los porqué de una campaña por el examen.
Juan Carlos Said R.
En Chile, según cifras de UNAIDS, organismo de las Naciones Unidas dedicado a la prevención del SIDA, al menos 40 mil personas viven con VIH. Sin embargo, la mitad al menos no conocen su condición de portador. Uno de ellos podría ser tu pareja estable u ocasional. ¿Qué hacer al respecto?
 En este contexto, las estrategias preventivas para esta enfermedad son las mismas que para cualquier patología de trasmisión sexual: Uso de preservativo, fidelidad entre parejas no portadoras o la abstinencia. Desgraciadamente, la evidencia muestra que la epidemia ha continuado progresando, aún en los países desarrollados, a pesar de masivas campañas explicando lo anterior y promoviendo el uso del preservativo.
            Las raíces de este problema son múltiples. Sin embargo, hay una de la cual frecuentemente se hace caso omiso: ¿Cuántos estamos seguros de que nuestra pareja a la que somos fieles no tiene SIDA? Puede ser una persona muy atractiva, sólida y segura de si misma, de aspecto saludable y amante del deporte, pero si en 5 años ha tenido tres relaciones estables, su cuarta pareja de forma indirecta, está siendo expuesta a la vida sexual de las otras 3 parejas previas. Dado lo anterior ¿Pondría usted las manos al fuego por su pareja  que no se ha hecho el examen,  asegurando que no tiene SIDA?
 Difícil, pero la verdad es que la mayoría de la gente si lo hace, y tiene relaciones, muchas veces estables y por ello, sin uso de preservativo confiando en que ésta no tiene SIDA, simplemente porque “no se ve enferma”.
            Las consecuencias de esto son graves, dado que quien no sabe que tiene VIH  sigue contagiando y más aún si no está en tratamiento. Esto no sólo aumenta su riesgo de fallecer prematuramente producto de una enfermedad tratable, sino que contagia más que quien no recibe tratamiento, dado que a mayor carga viral del afectado, mayor es el riesgo de diseminar el virus.
Dado lo anterior, y sobre todo luego de estudios recientemente dados a conocer  - como  HPTN 052 -  el diagnóstico y tratamiento del VIH, si se considera una estrategia preventiva.
A modo de ejemplo,  una editorial  de la prestigiosa revista New England Journal  Of  Medicine, sostiene (08/2011): “ Programas agresivos para diagnosticar y tratar la infección por el VIH, como parte de un plan de atención integral y de múltiples enfoques (…), tienen el potencial para preservar la salud y lograr el control de la epidemia.”
            Esto mismo es reconocido por UNAIDS, (http://www.unaids.org/en/resources/presscentre/pressreleaseandstatementarchive/2011/may/20110512pstrialresults/,)  quienes destacan disminución del  96%  en el riesgo contagio entre parejas discordantes debido al uso de terapia antirretroviral, y por connotados especialistas nacionales como el Dr. Carlos Pérez de la P. Universidad Católica, quien ha sostenido públicamente que “ la detección temprana de la infección mediante el examen y el tratamiento precoz han mostrado en forma inequívoca la reducción de nuevos contagios”.
Diagnosticar precozmente y tratar es también prevenir. Y qué hay que hacer para esto: una sola cosa, hacerse el examen. No puedo entonces sino concordar con el enfoque del Ministerio de Salud,  que no busca esconder el uso del preservativo -  cuyo uso promueve a distintos niveles y sigue distribuyendo a través de consultorios y SEREMIS - sino que simplemente busca invertir un recurso limitado ( aproximadamente 400 millones de pesos destinados por ley a la campaña anual), en una estrategia que ha demostrado ser costo efectiva: diagnosticar precozmente y tratar, entendiendo que esto no solo disminuye la mortalidad, sino que también, previene el contagio.

Muerte en la Posta. ¿Fenómeno normal, negligencia o mal endémico?


                       Muerte en la Posta. ¿Fenómeno normal, negligencia o mal endémico?
                                                                              Dr. Juan Carlos Said R.
                 ¿Que pasa en la Posta Central? Quizás, nada muy distinto a lo que sucede en otros hospitales del mundo. Cada día, recibe pacientes de edad más avanzada, con múltiples enfermedades y que requieren  procedimientos más invasivos: catéteres, diálisis, complejas cirugías y ventiladores mecánicos.  Todo esto, conlleva un  mayor riesgo de infecciones, al alterarse la fisiología normal del organismo. Dichas infecciones, requieren a su vez, el uso de antibióticos, progresivamente de más amplio espectro, los cuales  junto con destruir las bacterias que nos enferman, también producen un desbalance en las bacterias que habitan el Colon. Ahí es donde aparece la bacteria  Clostridium difficile, que siendo parte de la flora normal que habita el Colon de muchas personas, al desaparecer el resto de las bacterias  del intestino, menos resistentes a antibióticos, prolifera causando diarrea.
            Hasta ahí  entonces, tenemos un fenómeno normal, conocido como diarrea asociada a antibióticos.
            Sin embargo, la particularidad de esta bacteria, es que puede también trasmitirse muy fácilmente entre pacientes, a través de las manos,  dado  que se reproduce mediante esporas, que son resistentes al calor, al alcohol gel y algunos desinfectantes tradicionales. En este contexto, para prevenir su contagio entre pacientes, se requiere mantener un aislamiento de contacto estricto, con uso de guantes y pechera,  aseo  de las manos con agua y jabón, evitando además, que los pacientes compartan utensilios entre sí y realizando aseo con cloro.
           Acá es donde seguramente falla la Posta Central, dónde más que negligencia, se observan la confluencia de los problemas endémicos de nuestro sistema de salud, que con relativa periodicidad se manifiestan en uno u otro hospital a lo largo del país. En las infecciones asociadas a cuidados de salud - como lo es  Clostridium difficile - confluyen elementos como la infraestructura, disponibilidad de equipamiento adecuado, densidad de pacientes por pieza, el uso de antibióticos en forma inapropiada, y por cierto el aseo de manos por parte del personal de salud.
            En Chile fallamos en todas. Existe hacinamiento, producto de la eterna falta de camas, que obliga a poner tres o cuatro o más pacientes donde a veces sólo caben dos, con pacientes que comparten veladores y a veces, incluso las chatas. A esto se suma la consabida falta de especialistas  infectólogos para regular el uso de antibióticos (principal factor de riesgo para esta infección),  e incluso a veces, la falta de jabón, pecheras o guantes de procedimiento, que permitan mantener medidas básicas para prevenir el contagio. Y porqué no decirlo, no siempre nos lavamos las manos.
            Así, el problema no es nuevo y constituye sólo expresión más de la fragilidad de nuestra red de salud. Tampoco es nuevo el uso como herramienta política por parte de la oposición,  de ayer y de hoy, de cualquier problema en los hospitales para sacar una ventaja comunicacional transitoria.
            Lo que sí es nuevo, es la conciencia cada día más crítica de la población, que reconociendo su legítimo derecho a que un hospital sea fuente de salud y no de enfermedad, se queja con más vehemencia exigiendo sus derechos.
           No vaya a pasar entonces, que mientras frente al brote,  el gobierno se defiende con uñas y dientes, y la oposición se prepara para un festín político , situaciones como ésta,  formen un peligroso  caldo de cultivo para protestas, que terminen con un 2012, convertido en el año de la salud, tal y como el 2011, lo fue la educación. Ojalá la clase política, sepa esta vez, reaccionar a tiempo, con sentido de futuro y altura de miras. 

Ley de Tabaco: que no nos engañen con mentiras.


Ley de Tabaco:  que no nos engañen con mentiras.
Juan Carlos Said R.
Médico
               El supuesto error en la votación de la ley del tabaco, es una buena  oportunidad recordar cual es el sentido de lo que se discute y que es lo que realmente está en juego.
                Por una lado, se encuentran los intereses millonarios de las tabacaleras, bien defendidos por ellos mismos, y apoyados, en forma  inexplicable, por  diputados de la UDI  y gente de la Fundación Jaime Guzmán, en la discusión legislativa de una ley que las perjudica.
En el otro equipo, se encuentra  una sociedad civil fuerte, que creyendo en la libertad, entiende que el límite para el ejercicio de ésta, termina dónde comienzan los derechos del prójimo a vivir en un ambiente saludable.
                 Así, nos enfrentamos con un derecho  como es fumar, que si se ejerce cerca de alguien que no fuma, daña su salud en forma lenta, progresiva e irreparable. Legítimo es entonces, poner límites al ejercicio de este derecho, para proteger al mayor perjudicado: el no fumador.
              La ley vigente,  permite que lugares menores 100 mts cuadrados, elijan entre ser para fumadores o no fumadores.  En la práctica, todos los lugares menores de 100 mts  cuadrados  han elegido  ser  para  fumadores, por el temor a quedarse sin público, en caso de ser ellos los únicos en optar por lo contrario. Lugares mayores a 100 mts cuadrados, en tanto,  pueden dividirse para fumadores y no fumadores. Una buena idea, pero con nulos efectos. Estudios realizados por el Ministerio de Salud en Chile,   muestran que los lugares supuestamente aislados para no fumadores, tienen nicotina en niveles varias  veces superiores a las existentes en un medio ambiente  realmente sin humo.
                 Peor aún ¿Qué sucede con los trabajadores, que se ven expuestos a diario a la nicotina, alquitrán y arsénico contenido en el tabaco, sin protección alguna? ¿Puede ser parte de un trabajo aceptar exponerse a un daño a la salud que es evitable con una legislación adecuada?  Ciertamente no.              
                  Esto tiene que cambiar, corrigiendo un sesgo del mercado, que carente de regulación adecuada, deja a trabajadores sin protección y a los no fumadores, sin posibilidad de disfrutar de un pub o discoteque, sin sufrir un menoscabo no deseado a su salud. 
                La nueva ley es muy simple: prohíbe fumar en todo espacio público cerrado. Los fumadores podrán seguir fumando sólo allí donde no dañen a los no fumadores: en sus domicilios, en espacios públicos abiertos, etc.
                 Se argumenta que la prohibición bajará las ventas de los restaurantes generando desempleo, lo cual es simplemente falso.  Estudios, independientes, no financiados por tabacaleras, muestran que en todo el mundo, leyes igualmente protectoras de la salud de la población solo producen  descensos transitorios  en las ventas de restaurantes, que se recuperan  en el muy corto y mediano plazo, sin generar desempleo pero si generando un gran impacto en la salud de la población.
              A modo de ejemplo, una ley similar a la chilena, disminuyó en Uruguay en un 17  % los ingresos hospitalarios por infarto agudo al miocardio, luego de tres años de entrar en vigencia. Siendo las enfermedades cardiovasculares, la principal causa de muerte en Chile ¿existirá otra intervención en salud tan fácil de implementar y de tan alto impacto? Probablemente no.  Nada ganamos entonces, con agregar más recursos al AUGE sino implementamos una legislación consistente en lo preventivo.
              Este es el momento entonces,  para que  le pidamos a nuestros  legisladores  que defiendan la salud  de los trabajadores y de la población en general, por sobre los intereses de las  tabacaleras. Que lo hagan ahora y con coraje, no prohibiendo, sino regulando el ejercicio de un derecho para el beneficio de todos.  Las generaciones futuras, serán su mejor testimonio de gratitud.

Tuesday, January 20, 2009

Se merecia tener SIDA

Difícil es estar enfermo, pero más difícil aún estar enfermo de ciertas enfermedades. Así, quien muere de cáncer gástrico es siempre bien recordado, como un hombre bueno, que dio la pelea hasta el final, contra una enfermedad terrible que le cayó inmerecidamente. Pero pobre si lo suyo es cáncer de pulmón: se dirá que pena por él, pero que igual se lo tenía merecido, que un poco se lo había ganado, fumando todo lo que fumaba. Y para qué hablar de la obesidad, donde se suele decir: por qué sencillamente no cierra la boca? O del SIDA, que pareciera siempre ser merecido como consecuencia de una vida desviada y licenciosa.
La sociedad, quizás inadvertidamente, ha clasificado las enfermedades en dos tipos, las merecidas y las inmerecidas. Sin embargo, la realidad es que sin importar que tanto hayamos fumado, o que tantas relaciones sexuales hayamos tenido, nadie busca deliberadamente estar enfermo y nadie “tiene bien ganado” el estar así. Si es muy frecuente, en cambio, que los pacientes desconozcan los factores de riesgo que los llevan a enfermarse, como sucede en el caso del SIDA, donde pocos saben que el sexo oral es una forma de trasmisión, o que, las mas de las veces, simplemente seamos miopes a las consecuencias futuras de nuestros actos. Así, sacrificamos nuestro corazón, por ese placer efímero, del Big Mac, con papas fritas grandes y Coca-Cola normal, lo cual no nos hace personas malas o merecedoras de un castigo, sino simplemente personas poco previsoras.
Por otra parte, el riesgo de semejante mentalidad es que constituye realmente un problema de salud pública – y no sólo uno social - al conspirar contra esa misma sociedad que busca defender. A modo de ejemplo, el discriminar tan violentamente a quien padece SIDA, lejos de fomentar el autocuidado y la salud, probablemente sea el método más eficaz para diseminar la enfermedad, al tener los pacientes miedo de realizarse el examen del VIH, sabedor de todo lo que viene: desde el momento de tomarse la muestra de sangre, cuando una enfermera imprudente le preguntará si es homosexual, o le susurre en voz baja que tiene que retirar el resultado en tal parte – para que no escuche el resto de los pacientes, que vaya a saber uno como ni porqué, podrían espantarse - o cuando el médico, para realizar un procedimiento, se coloque doble guante, como sin con él, hubiera que tener precauciones distintas a las que se tienen con todos los demás pacientes. Entonces, no nos extrañemos de que el diagnostico no sea precoz y la diseminación incontrolada.
En forma paralela, la mencionada clasificación – profundamente enraizada en nuestro subconsciente – parece ignorar el dinamismo de la medicina y lo escaso de sus conocimientos. Para muestra un botón: recién hace trace años, aprendimos que pequeño número de obesos, lo era por el déficit de una hormona llamada leptina. Que descubriremos en el futuro? Quién sabe si todos los obesos lo son por exceso de un neurotrasmisor, déficit de una enzima o infección por una bacteria, y nosotros como idiotas echándole la culpa a que el tipo no cerraba la boca?
Finalmente, casi no existe enfermedad de la que entre comillas, no seamos “responsables”, ya sea por no habernos alejado de nuestros amigos fumadores (el tabaquismo pasivo o activo es factor de riesgo para distintos tipos de cáncer, algunos tan impensados como riñón y páncreas), por tomarnos unos vasos de ron el fin de semana (el alcohol es factor de riesgo para cáncer de cabeza y cuello), por ir a la playa y no ponernos bloqueador en todo el cuerpo, y luego cada 3 hrs o cada vez que nos bañamos (Cáncer de Piel) o simplemente por la mala costumbre de darle la mano a las personas (cosa que los japoneses no hacen), exponiéndonos a contraer hepatitis, parasitosis, etc.
Quizás entonces, y vaya paradoja, el primer paso para la equidad en la salud, lo deba dar la sociedad toda, reconociendo en todo enfermo el dolor que padece – sin distinción – para luego acogerlo alivianando su cruz, como Simón Cirene lo hiciera hace dos mil con Nuestro Senor, entendiendo que primero, ha de venir el amor, la comprensión, y que la ciencia médica, vendrá después.

Tuesday, January 6, 2009

Chilenos y la Lectura: un problema de voluntad

Hablaba hace unos días, con un amigo, profesor universitario, que con pena sincera se lamentaba de sólo haber leído 43 libros este año. El anterior había leído 64, y para el año recién terminado se proponía haber leído 2 libros por semana. Por lo cual su fracaso era doble: no sólo había leído menos que la meta deseada, sino que incluso había fracasado en siquiera igualar su marca anterior. Evidentemente, como correspondía, puse cara de pena e intenté consolarlo por su resonante fracaso. Entre medio, no podía evitar pensar que este año, en que procurando que no me ganara la cotidianeidad, había hecho denodados esfuerzos por leer, dudaba haber leído más de 15 libros.
Cuantos libros leerá un Chileno al año? me pregunté, buscando determinar si mi amigo era un superdotado o yo un mediocre.
La realidad, como siempre, superó a la ficción: 60 % de los chilenos no ha leído ningún libro en los últimos 12 meses, según la encuesta de consumo cultural y uso de tiempo libre del INE (2005). Que diferenciará a esos chilenos no-lectores de mí, o a esos chilenos y a mí de mi letrado amigo?
Será un asunto de acceso a los libros? Frecuentemente se recuerda el costo de los textos como un factor determinante para el escaso desarrollo del hábito lector. En primer lugar, llama la atención la asimetría entre los hogares que declaran no tener libros: 23.4% (Estudio Hábito Lector Cámara Chilena del Libro), frente a un porcentaje mucho mayor (60%) que no ha leído ningún libro en los últimos 12 meses, lo cual ya parece indicarnos, que no es el tener o no libros lo que determina que alguien lea. Lo anterior encuentra mayor sustento aún en el hecho que los hogares sin libros, incluyen algunos de nivel socioeconómico alto y muy alto.
Por otra parte, existe un red de bibliotecas públicas, incluyendo una magnifica Biblioteca Nacional, donde los grandes textos de la literatura acumulan más polvo que lectores. A esto, cabe agregar muy buenas bibliotecas y de bastante fácil acceso como son las del metro y otros de institutos culturales y colegios.
Así, no sólo no son tantos los hogares sin libros como los no lectores, sino que además, aún si el costo fuera la limitante real para la lectura, el acceso a libros en préstamo es fácil y extendido a lo largo del país.
Por ello, creo que el problema no es de costos o acceso, sino uno mucho más de fondo: un problema de voluntad.
Leer un libro implica un ejercicio de carácter y disciplina. En primer lugar conlleva hacerse el tiempo y sentarse a leer, proponerse una meta, detenerse treinta minutos y abstraerse de toda esa cotidianeidad que sin conducirnos a nada nos puede distraer infinitamente. Luego implica algo aun más extremo y difícil: persistir durante días, y no sólo horas, en la lectura del mismo texto y más aún, decidir que aquello que empezamos – y que sabemos es bueno para nuestro desarrollo en diversos ámbitos - lo vamos a terminar, a como dé lugar.
Por último, si queremos desarrollar una cultura sistemática en alguna área, habrá de ser un como mi amigo, y multiplicar ese esfuerzo diario y semanal, por al menos unas veinte veces al año, y al final, evaluar si cumplimos o no con nuestro objetivo.
Y los chilenos, pareciera ser, no somos capaces de semejante esfuerzo con nada, menos aún con la lectura. Simplemente parecemos carecer de la voluntad para hacer algo en forma constante durante un año, sin fallar, sin excusas, y evaluar nuestro éxito o fracaso en base a objetivos: cuantos empleados llegan a su oficina en forma puntual TODOS los días del año? Cuántos jefes? Cuántos universitarios terminan hasta fin de ano los proyectos sociales a los que se comprometieron en marzo? Cuántos los abandonan cuando llegan los exámenes? Cuántos diputados son capaces de asistir a TODAS las sesiones de la cámara, que debería ser el compromiso mínimo a adoptar con sus votantes?
El problema lector, no parece entonces, ser sólo un asunto de precio o acceso a libros, sino más profundamente, un problema de voluntad, de carácter.
Quizás, habría que proponer entonces, un nuevo enfoque para desarrollar la lectura, uno que implique no sólo fomentar lo entretenido en ella – y vaya que lo es – o el acceso a libros, sino también, ensenar que la lectura diaria y semanal, es como trotar o hacer algún deporte: no necesariamente nos gusta hacerlo todos los días o tres veces por semana – de hecho, es muy difícil - pero sabemos que es importante y necesario. Es nuestro deber, por nuestra salud: como lo es comer balanceadamente, tomarse los medicamentos que nos receta el médico o dormir ocho horas. Ni más, ni menos.

Thursday, December 25, 2008

La Muerte y el Gasfiter: Cuidados Paliaivos en Chile

La Muerte y el Gásfiter: Cuidados Paliativos en Chile
Juan Carlos Said R.

Don Carlos, 46 años. Gasfíter. Hombre trabajador, padre de 3 hijos, uno de ellos universitario, los otros en vías de serlo. Toda su vida había trabajado duro. Sin descanso. Pensaba que pronto vendrían esos días de descanso, para estar todo el tiempo junto a su señora, compañera fiel en la alegría y en la adversidad. Nunca había estado enfermo, sin embargo, aquella tarde, saliendo del metro, se sintió raro, extraño: su brazo comenzó a moverse sólo, luego su cara, luego su cuerpo, luego… no recuerda que más pasó. Despertó en el hospital Sótero del Río, donde lo conocí. Una Tomografía de Cerebro mostró un tumor cerebral, que luego de una radiografía de tórax, resultó ser una metástasis de un cáncer de pulmón. Su pronóstico: tres meses de sobrevida. Qué podía hacer por él la medicina? Difícil saberlo. Otra pregunta más difícil aún: se interesaría algún médico por él?
La respuesta no es obvia. La medicina, desde la edad media hasta el presente ha evolucionado desde una especialidad preocupada fundamentalmente de cuidar y aliviar al enfermo, a una enfocada en curar y sanar. Fabricamos corneas a partir de dientes, corazones mecánicos, cirugías que curan la diabetes, etc. El problema es que la pretensión de curar es a la larga ilusoria y la muerte nuestro destino inevitable.
Don Carlos tenía, sin embargo, varios problemas: lo angustiaba el destino de su familia, que sería de su hijo menor y la universidad. Le preocupaba el costo de los medicamentos. Por otra parte, en un tiempo más comenzaría a faltarle el aire, cuando el tumor pulmonar se complicase con algún derrame u obstrucción de un bronquio. Vendrían más adelante los vómitos y nauseas, secundarios al tumor cerebral y su familia, se sentiría agobiada física y mentalmente: donde va a morir? Donde es mejor que muera? En la casa? En un hospital? y un largo etc.
Problemas como este, otrora extraños, serán, desgraciadamente, más y más frecuente; En Chile la expectativa de nuestra población se incrementa – actualmente 77.7 anos - y las principales causas de muerte son enfermedades crónicas, como las cardiovasculares y el cáncer.
El asunto, es que pocos quieren hacerse cargo de estos pacientes terminales, problema que tiene varias aristas: una de ellas es quizás lo poco glamoroso de cuidar a quien muere: no hay gloria. Ningún médico será titular de un diario porque logró que su paciente muriera sin apremio respiratorio, sin dolor.
En segundo lugar hay un aspecto socio-económico: si para muchos chilenos, acceder a una cura existente para su enfermedad es casi imposible – recordemos tan solo las listas de espera para cirugía de próstata -, acceder a cuidados paliativos adecuados, prestados por especialistas, es un lujo inaudito. Faltan recursos, definitivamente.
Por otra parte, se desconoce quizás – incluso entre médicos - que la prestación de adecuados cuidados paliativos, puede ser realmente costo efectiva, al evitar hospitalizaciones innecesarias, anticipando decisiones difíciles y con un adecuado control ambulatorio, evitando el decir simplemente: señor, se va a morir, vea cómo se las arregla en la casa.
La situación en Chile, tiene luces y sombras: por un lado, somos el único país latinoamericano donde los cuidados paliativos, al menos oncológicos, están garantizados por ley (AUGE), y en palabras de Eduardo Bruera, director del centro de cuidados paliativos del MD Anderson: La perspectiva de la medicina paliativa en Chile es la mejor de América Latina.
Por otra parte, los recursos son escasos, y los cuidados paliativos son realizados en la mayoría de los lugares de Chile por médicos generales. Ni siquiera internistas, o médicos familiares, para que hablar de médicos especialistas en cuidados paliativos: la especialidad ni siquiera existe como tal en la Comisión Nacional de Especialidades Médicas (CONACEM), aún cuando a nivel mundial ya es reconocida en varios países. El futuro entonces, dependerá de la conciencia que tomemos del problema y de la disposición a poner recursos económicos, pero por sobre todo morales, recordando la responsabilidad esencial de los médicos y la medicina, en aliviar el sufrimiento y el dolor, entregando a nuestros enfermos terminales no sólo la analgesia de un fármaco, sino también el alivio de reconocerse, amados, respetados y objeto de nuestras preocupaciones, ya sea nos parezca que van a vivir cincuenta años, dos meses, o tan sólo unos días.

Monday, November 3, 2008

No lea esta columna, siga viendo television. La Ausencia de Creatividad en la Vida Universitaria.

No lea esta columna, siga viendo televisión.
La Ausencia de Creatividad en la Vida Universitaria.
Juan Carlos Said R.

La pasividad es atractiva. Quedarse quietos, sentados, sin hacer nada o sólo lo mínimo es siempre más fácil, seductor. ¿Acaso no es hermoso ver la Capilla Sixtina? ¿Y no nos agobia pensar lo que sería pintarla nosotros, con nuestras manos, por cuatro años, sin ayuda? ¿Algún voluntario? Probablemente no haya nadie. Esa es nuestra sociedad en muchos aspectos, una cultura de la inercia o del botón, en donde nuestro único ejercicio es muchas veces sólo presionar una tecla. Nos sentamos, apretamos un botón y encendemos la televisión que nos consume horas, apretamos otro botón y mediante el teléfono pedimos pizzas, botón y chateamos, botón y… en el fondo, y en la superficie también - como solía decir una amiga - nos convertimos en espectadores de la vida viendo como todo pasa, frente a nosotros, sin tocarnos.
Romper esa inercia cuesta, salir de la cama, apagar le televisión, tener ideas – como por ejemplo las miles que se muestran en www.ted.com – generar evidencia que las avale e impulsarlas hasta su concreción demanda una energía y voluntad inconmensurable. El que no seamos capaces de ello – y nos gane el zapping – es culpa nuestra, por cierto, pero una cuota de responsabilidad le corresponde a nuestro sistema educativo.
A modo de ejemplo – y consciente estoy de que los ejemplos suelen ser imperfectos - estoy a punto de titularme de médico. La carrera, sumamente tecnificada y larga, me permite de quererlo, en una de las dos mejores universidades de Chile, salir de ella sin hacer una tesis. Es decir, escuché el conocimiento de otros, creado por otros, inspirado en otros, y luego de un lustro y medio de estudios, puedo titularme con honores sin haber generado una sola gota de conocimiento nuevo, como si la medicina fuera un oficio, una técnica que nada tiene que ver con la búsqueda de la verdad, aquella que requiere hacerse preguntas y buscar respuestas.
Se puede argumentar, que con una tesis, los siete años de carrera serían ocho, lo cual parece intolerable. De acuerdo. ¿Y porque no sacar dos o tres meses de repetir cosas por un curso de tesis? ¿Será que en medicina, por un asunto de competencia por cupos de especialidad y curriculum, de todas formas se hace investigación? Pero, ¿Qué pasa en otras carreras?
Conversando con un amigo, estudiante de derecho en la Pontificia Universidad Católica de Chile, constato desilusionado, que la tesis se ha convertido progresivamente en un apéndice, en un trámite, en un vestigio evolutivo minúsculo y despreciable, como si para la universidad, en cuanto entidad humana llamada a generar innovación y conocimiento, fueran más importantes las habilidades del alumno para repetir de memoria el código civil, que su capacidad para argumentar lógicamente a favor o en contra de una idea generada por él mismo.
Se dirá quizás que las tesis e investigar son tareas del postgrado. Terrible afirmación. ¿Querrá decir que la labor creativa del universitario sólo debe ejercerse luego de seis años de estudio? ¿Qué mientras tanto todo es memorizar y repetir? ¿Cómo llegaremos a ser generadores de ideas si no hemos sido formados en esa línea?
Por otra parte no se trata sólo de formar investigadores. Una tesis es un ejercicio de sistematicidad, de plantearse metas, hacerse preguntas. Buscar la verdad por uno mismo. Difícilmente pueden ser esas habilidades sólo necesarias en un doctorado. ¿Qué empresa no necesita gerentes con esas características?
Finalmente, creo no equivocarme al pensar que es este letargo en la generación de ideas, la falta de carácter y voluntad para implementarlas, el gran escollo que debe superar nuestro país, y sus universidades, con miras al mayor desarrollo económico y social.
Me quedo – para no desanimarme - con el lema de www.ted.com: “ideas worth spreading”. Gracias a Dios, al menos ellos, parecen tener ideas, muchas, y gente que las desarrolla. ¿Y nosotros y nuestras universidades cuándo? La imaginación al poder, ahora, ya, por favor.