Ley de Tabaco:
que no nos engañen con mentiras.
Juan Carlos Said R.
Médico
El supuesto error en la votación de la ley del tabaco, es una buena oportunidad recordar cual es el sentido de lo
que se discute y que es lo que realmente está en juego.
Por una lado, se encuentran los intereses millonarios de las
tabacaleras, bien defendidos por ellos mismos, y apoyados, en forma inexplicable, por diputados de la UDI y gente de la Fundación Jaime Guzmán, en la
discusión legislativa de una ley que las perjudica.
En el otro equipo, se encuentra una sociedad civil fuerte, que creyendo en la
libertad, entiende que el límite para el ejercicio de ésta, termina dónde comienzan
los derechos del prójimo a vivir en un ambiente saludable.
Así,
nos enfrentamos con un derecho como es
fumar, que si se ejerce cerca de alguien que no fuma, daña su salud en forma
lenta, progresiva e irreparable. Legítimo es entonces, poner límites al
ejercicio de este derecho, para proteger al mayor perjudicado: el no fumador.
La ley vigente, permite que lugares menores 100 mts cuadrados,
elijan entre ser para fumadores o no fumadores.
En la práctica, todos los lugares menores de 100 mts cuadrados han elegido ser para
fumadores, por el temor a quedarse sin público, en caso de ser ellos los
únicos en optar por lo contrario. Lugares mayores a 100 mts cuadrados, en
tanto, pueden dividirse para fumadores y
no fumadores. Una buena idea, pero con nulos efectos. Estudios realizados por
el Ministerio de Salud en Chile,
muestran que los lugares supuestamente aislados para no fumadores,
tienen nicotina en niveles varias veces
superiores a las existentes en un medio ambiente realmente sin humo.
Peor aún ¿Qué sucede con los trabajadores, que
se ven expuestos a diario a la nicotina, alquitrán y arsénico contenido en el
tabaco, sin protección alguna? ¿Puede ser parte de un trabajo aceptar exponerse
a un daño a la salud que es evitable con una legislación adecuada? Ciertamente no.
Esto tiene que cambiar, corrigiendo un sesgo
del mercado, que carente de regulación adecuada, deja a trabajadores sin
protección y a los no fumadores, sin posibilidad de disfrutar de un pub o discoteque,
sin sufrir un menoscabo no deseado a su salud.
La nueva ley es muy simple: prohíbe fumar en todo espacio público
cerrado. Los fumadores podrán seguir fumando sólo allí donde no dañen a los no
fumadores: en sus domicilios, en espacios públicos abiertos, etc.
Se argumenta que la prohibición
bajará las ventas de los restaurantes generando desempleo, lo cual es
simplemente falso. Estudios,
independientes, no financiados por tabacaleras, muestran que en todo el mundo,
leyes igualmente protectoras de la salud de la población solo producen descensos transitorios en las ventas de restaurantes, que se
recuperan en el muy corto y mediano plazo,
sin generar desempleo pero si generando un gran impacto en la salud de la
población.
A modo de ejemplo, una ley similar a la
chilena, disminuyó en Uruguay en un 17 %
los ingresos hospitalarios por infarto agudo al miocardio, luego de tres años
de entrar en vigencia. Siendo las enfermedades cardiovasculares, la principal
causa de muerte en Chile ¿existirá otra intervención en salud tan fácil de
implementar y de tan alto impacto? Probablemente no. Nada ganamos entonces, con agregar más
recursos al AUGE sino implementamos una legislación consistente en lo
preventivo.
Este es el momento entonces, para
que le pidamos a nuestros legisladores
que defiendan la salud de los
trabajadores y de la población en general, por sobre los intereses de las tabacaleras. Que lo hagan ahora y con coraje,
no prohibiendo, sino regulando el ejercicio de un derecho para el beneficio de
todos. Las generaciones futuras, serán
su mejor testimonio de gratitud.
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