Muerte en la Posta.
¿Fenómeno normal, negligencia o mal endémico?
Dr. Juan Carlos Said R.
¿Que pasa en la Posta Central? Quizás, nada
muy distinto a lo que sucede en otros hospitales del mundo. Cada día, recibe pacientes
de edad más avanzada, con múltiples enfermedades y que requieren procedimientos más invasivos: catéteres, diálisis,
complejas cirugías y ventiladores mecánicos. Todo esto, conlleva un mayor riesgo de infecciones, al alterarse la
fisiología normal del organismo. Dichas infecciones, requieren a su vez, el uso
de antibióticos, progresivamente de más amplio espectro, los cuales junto con destruir las bacterias que nos
enferman, también producen un desbalance en las bacterias que habitan el Colon.
Ahí es donde aparece la bacteria Clostridium difficile, que siendo parte
de la flora normal que habita el Colon de muchas personas, al desaparecer el
resto de las bacterias del intestino,
menos resistentes a antibióticos, prolifera causando diarrea.
Hasta ahí
entonces, tenemos un fenómeno normal, conocido como diarrea asociada a
antibióticos.
Sin embargo, la particularidad de esta bacteria, es que puede también
trasmitirse muy fácilmente entre pacientes, a través de las manos, dado que se reproduce mediante esporas, que son
resistentes al calor, al alcohol gel y algunos desinfectantes tradicionales. En
este contexto, para prevenir su contagio entre pacientes, se requiere mantener
un aislamiento de contacto estricto, con uso de guantes y pechera, aseo
de las manos con agua y jabón, evitando además, que los pacientes
compartan utensilios entre sí y realizando aseo con cloro.
Acá es donde seguramente falla la
Posta Central, dónde más que negligencia, se observan la confluencia de los problemas
endémicos de nuestro sistema de salud, que con relativa periodicidad se
manifiestan en uno u otro hospital a lo largo del país. En las infecciones
asociadas a cuidados de salud - como lo es Clostridium difficile - confluyen
elementos como la infraestructura, disponibilidad de equipamiento adecuado,
densidad de pacientes por pieza, el uso de antibióticos en forma inapropiada, y
por cierto el aseo de manos por parte del personal de salud.
En Chile fallamos en todas. Existe
hacinamiento, producto
de la eterna falta de camas, que obliga a poner tres o cuatro o más pacientes
donde a veces sólo caben dos, con pacientes que comparten veladores y a veces, incluso
las chatas. A esto se suma la consabida falta de especialistas infectólogos para regular el uso de
antibióticos (principal factor de riesgo para esta infección), e incluso a veces, la falta de jabón, pecheras
o guantes de procedimiento, que permitan mantener medidas básicas para prevenir
el contagio. Y porqué no decirlo, no siempre nos lavamos las manos.
Así, el problema no es nuevo y constituye sólo
expresión más de la fragilidad de nuestra red de salud. Tampoco es nuevo el uso
como herramienta política por parte de la oposición, de ayer y de hoy, de cualquier problema en
los hospitales para sacar una ventaja comunicacional transitoria.
Lo que sí es nuevo, es la
conciencia cada día más crítica de la población, que reconociendo su legítimo
derecho a que un hospital sea fuente de salud y no de enfermedad, se queja con
más vehemencia exigiendo sus derechos.
No vaya a pasar entonces, que mientras frente al brote, el gobierno se defiende con uñas y dientes, y
la oposición se prepara para un festín político , situaciones como ésta, formen un peligroso caldo de cultivo para protestas, que terminen
con un 2012, convertido en el año de la salud, tal y como el 2011, lo fue la
educación. Ojalá la clase política, sepa esta vez, reaccionar a tiempo, con
sentido de futuro y altura de miras.
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