Cierre los ojos. Bueno, veo que no me hizo caso. No importa, imagine que cierra los ojos y mira un mapa. Ubique Ciudad del Cabo, en el extremo Sur de África. Desplace su imaginaria vista desde ahí, y trazando una línea recta a través del Océano Indico, haga un recorrido mental hacia la Antártida. Que vio? Algo mas aparte del mar? Seguramente no. Pero le cuento que si hay algo. Se trata de la isla de Bouvet, de 49 km2 de superficie, rodeada de hielo, que corresponde al lugar mas aislado del mundo, ubicado a 1600 kms del pedazo de tierra más cercano (i.e. la Antártida), y que por azares del imperialismo, es colonia noruega desde 1927.
Ahora bien, si abandonando ese horizonte lejano en su mente, se sube a un barco y llega a la Isla, según he leído, su imagen va a cambiar. Probablemente ya no piense solo en un punto aislado, sino en algo mas profundo: la desolación. Su reflexión ya no será teórica, sino que, encumbrada en el corazón de la vivencia, se dejara guiar por la poesía de un lugar estéril: deshabitada, cubierta casi completamente por hielo, solo es posible acceder a ella en helicóptero. Una estación meteorológica, ya destruida, ha sido su único habitante por anos.
Más interesante aún, será lo que suceda la próxima vez que usted vea un mapa: si es curioso, y tiene buena memoria, inmediatamente tratará de encontrarla, de tal modo que usted verá algo, donde la mayoría de la gente no ve nada, dado que, nuestro conocimiento de las cosas, y la impresión que nos hagamos de ellas depende entre otras cosas, de la cercanía con que la vemos, y vaya paradoja, de nuestros mismos conocimientos previos.
Sin embargo, la pregunta es: a que distancia hay que ver? Cuanto es necesario saber para tener una opinión? Es complejo. Intuitivamente sabemos que un cuadro no debe verse de muy lejos, como la Isla Bouvet, porque de hecho no se ve. Tampoco de muy cerca, dado que “El Entierro del Conde de Orgaz” no es solo un mano del conde vista de cerca, sino el conde mismo, los santos y el cielo que se abre ante él.
Esto mismo sucede con la pobreza. No sabemos como verla si de lejos o de cerca, ni menos aun, sabemos que es exactamente lo que hay que saber de ella. De cerca el panorama es desolador. Lo componen poblaciones como la Chimba, en Recoleta, donde la única casa de dos pisos es un lugar donde a vista y paciencia de todo el mundo se vende droga, donde los autos bonitos no son fruto del esfuerzo (o al menos no de un esfuerzo honesto) y donde los disparos no son hombres a caballo, vestidos de rojo, cazando zorros.
Visto aun más de cerca, quizás de un poco de ánimo. Un grupo de estudiantes de la Universidad Católica llevan varios años preparando jóvenes y adultos para terminar su educación básica y media, o realizando talleres para niños de todas las edades en un intento real para evitar que consuman pasta base antes de aprender el abecedario.
Por otra parte, de lejos, el panorama nuevamente abruma. Considerando una línea de pobreza urbana ubicada en $ 47 .099, que sabemos no es suficiente para cubrir necesidades mínimas, hay un total de 2.208.937 persona viviendo en la pobreza. Una cifra que indigna y avergüenza, de solo pensar que poniendo un punto de corte tan poco exigente, hay dentro de Chile el equivalente a casi toda la población de Uruguay, viviendo del hambre.
Qué hacer? Probablemente se requiere de una visión muy amplia para buscar soluciones. Una que primero, tenga la experiencia haber estado cerca. De ver lo que es ser pobre in situ. Que ojala también haya visto esos signos de esperanza, en tantos jóvenes realizando esfuerzos cotidianos por dar una mano al que sufre, y que sin embargo no olvide los datos, el panorama global, y que solucionar un problema así, no es solo construir mediaguas, sino también realizar grandes reformas macroeconómicas, a veces impopulares, modificar, estructuras, de una vez y para siempre, sin permanecer estancados en el discurso demagógico, el cual, apelando a los sentimientos viscerales, surgidos muchas veces de ver toda de muy cerca, de muy lejos, o simplemente del hablar sin conocer, solo ha logrado que, frente a la posibilidad real, que se vio en los 90, de llegar al 2010 con un Chile sin pobres, no nos quede hoy, tristemente, más que postergar esa meta unos cuantos años más.
Pronto será un año de elecciones. Hágase cargo del poder de su voto, y pregúntele a su candidato que solución ofrece, al problema de los pobres: no vaya a ser que lo sorprenda viendo de muy cerca, de muy lejos, o peor aún, hablando sin saber.
No comments:
Post a Comment